21 marzo, 2007


Caminamos a buen paso y de tanto en tanto un regato de agua nos obliga a cruzar con cuidado. Yo ando mirando el miliario numero 30 el suelo cambia de marrón tierra a verde cubierto de plantitas pequeñas pero… las plantitas flotan en agua, sus raíces se han agarrado al liquen de un enorme charco y me meto hasta las rodillas en el.

Vaya putada. Llegado hasta aquí pienso que podría cruzar el puto charco a nado total que más da. Mientras Ángel está con un ataque de risa yo me acuerdo del caminante de ayer. En realidad he vivido tan intensamente que parece que haga una semana que el caminante aquel metiera su pie en el charco y yo bocazas como siempre hiciera el chiste a su costa.

Me siento frente al miliario, quito las perneras empapadas de los pantalones. Los zapatos y los calcetines. Me pongo los zapatos de nuevo y continuamos caminando, yo con los pies empapados. Menos mal que la crema o quizá el factor de protección 20 hacen su trabajo en mi entrepierna y me siento mejor. Por fin llegamos al pueblo donde dormiremos. No escribiré su nombre y seguramente no vuelva nunca por allí. Dormiremos 5 personas juntas en el suelo en una habitación sin baño ni duchas. Además de eso. Cuando por fin encontramos el bar del pueblo resulta que estaba regentado por dos master en empresa.

Conversación: YO- “Buenos días. Dos cervezas y ¿Que tiene para picar o de bocadillos?”
Gerente del local- “Lo que hay esta a la vista”
Hago inventario rápido de lo que veo. Una cafetera y unas 20 botellas de licor. Ni una bolsa de patatas fritas, ni cacahuetes, ni aceitunas. Nada. Aun así decido insistir.

Yo- “ No tiene nada para comer? Aceitunas, patatas, lo que sea”
Gerente del local- “Lo que hay esta a la vista”

Los que me conocéis sabéis que no tengo nada de violento, pero en ese momento le hubiese partido las dos botellas de cerveza en su vacía cabeza.

Cuando le cuento el panorama a Ángel, el se ha dado cuenta que hay un congelador de helados y se levanta a por dos helados y otro chasco el congelador esta vacío El súper gerente le grita desde detrás de la barra:"Todavía no es tiempo de helados."

El muy carbón parece regocijarse pero las cosas no le saldrán bien esta vez. Abro la mochila y saco los bocatas que habíamos comprado en el pueblo de antes. Me quedo con las ganas que venga a decirme algo por que hubiésemos discutido.

Esa noche dormiré fatal en realidad no somos mas que un quinteto de viento desafinado vaya manera de roncar. Los belgas como no tienen que comer se pillan un pedo a base de cerveza que alucinan.

Mañana es nuestro último dia.

2 comentarios:

Pau dijo...

Me gusta cómo va la crónica. ¡Has sacado fotos espectaculares! Me reí de buena gana con la anécdota del toro y con tu metedura de pata en el charco :)

Espero el final. Un beso.

Karina dijo...

Que te sigo, majo, cada pasito que estás contando. Pero me distraje con lo desafinado de los ronquidos, pero qué manera de reírme, y ni hablar de la Juani esta, qué chula más inteligente... Tú sí que escribes bien, estoy viviendo todo lo que escribes, hasta siento los pies mojados, fíjate... Un abrazo, guapo! Y continúa con alguna cosilla más que te vayas acordando. Muak! (te dejé sorprendido! Viste cómo voy aprendiendo español? Ainsss)