29 diciembre, 2006

Sierra Nevada


Que casualidad, hace unos días escribía sobre Sierra Nevada, y ahora sin esperarlo se me presenta la oportunidad de ir.

Como me ha gustado esa llamada de Mati preguntándome si iría con su grupito como en los viejos tiempos. Pues claro que si. No veas como me apetece.

Lo único es, que los locos de la colina estos van a escalar una pared de hielo de 15 metros. Pequeña dicen, ideal para que yo aprenda. Juer yo que nunca he querido probar a escalar. Solo por miedo a engancharme, y es que escalar es algo que... ufff solo de pensarlo, ya me pone las pilas.

Bueno el caso es que en 15 días estoy en Granada otra vez. Le diré a mi socia que vamos a caminar por que si no me pondrá todas las pegas habidas y por haber. Y también. ¿Para que hacerla sufrir tontamente?

Bueno vuelvo a hacer listas con cosas para llevarme, esta vez equipo de invierno y he de comprar algunas cosas, otras me las dejara Mati. Es absurdo comprar cosas que quizá no vuelva a usar nunca.

A ver si el próximo año consigo cumplir un sueño que ya hace mucho que se me escapa. Y es que quiero irme una semana entera a Sierra Nevada y hacer un curso de esquí.

Bueno feliz fin de año a todos.

22 diciembre, 2006

Siempre volver


Vaya queee... se me está haciendo difícil escribir, desde luego, no es que no me pase nada. Sin embargo, que tenga ganas de contarlo ya es otra historia.

Aunque todos los días igual, suena la misma música a la misma hora en la alarma del móvil. Que sin saber muy bien por que, ha reemplazado al radio despertador de turno. Bien pensado puede que haya sido por que el radio despertador y su zumbido electrónico acababan volviendo loco a cualquiera.

Pero a lo que iba que me pierdo. Decía que todos los días al oír la música en el móvil me acuerdo de ella y es algo a lo que no encuentro mucho sentido por que… ¿Cuantas veces he ido a verla? Unas seis o siete a lo sumo. Frente a el resto de días que tiene un año. Es tan poco, que posiblemente por eso me sorprende.

Sin embargo, cada vez que esa música llega a mis oídos. Mi mente me lleva hasta ella, a su cintura, al lugar donde dejo aparcados mis miedos y cargo con mis sueños, mis confianzas y mis bártulos y empiezo a andar. A través de su vientre, hacia su pecho y de allí a su cuello y luego mas alto hasta llegar a su pelo.

Y descansar allí a casi 3.500m. Cual isla rodeado de soledad por todas partes, Un lugar en el que reconocerme, en el que saber de mi mismo. Al mismo tiempo un reto que superar, una aventura que compartir.

Y volver, siempre volver. Después de la aventura, al refugio de una casa. Después de la soledad, a los seres queridos. Después del frío, al calor de un hogar en el que siempre eres bien acogido.
Volver, siempre volver.

13 diciembre, 2006

Nuad Thai


Después de un tiempo de silencio, vuelvo a escribir, las musas han aprendido y ya no se dejan atrapar fácilmente. Aunque supongo que para ir contando las cuatro cosas que me vayan pasando tampoco necesito musa alguna.

Bueno pues estoy haciendo un curso de Nuad Thai… Vale… vale, masaje tailandés, pero si digo masaje tailandés así de entrada a todos se os viene a la cabeza la palabra “sexo” (que os conozco a casi todos) Y este masaje no tiene nada de sexual. (Lo cual no deja de ser una desgracia, ¿O no?)

En realidad, es un masaje terapéutico que combina presiones rítmicas sobre todo el cuerpo, con estiramientos y torsiones. Buscando liberar las articulaciones y aflojar la musculatura. El Nuad se efectúa con movimientos naturales y lentos.

Muchas de las posturas que el paciente efectúa con la ayuda del masajista son similares a las “asanas” o posturas activas del Hatha yoga. Por eso se le llama también yoga pasivo.


Tiene algo de especial este masaje y es que no se bien como, pero el contacto con otra persona y la presencia mental que requiere este masaje. Se convierten en un buen medio para profundizar en mi mismo.

Al mismo tiempo te fuerza a prestar atención al momento presente a través de la observación de lo que hago y a las reacciones que esos actos provocan en los demás.

Es curioso como al dar un masaje te sientes inmerso en un proceso de crecimiento o conocimiento interior. Los sentimientos de aceptación, respeto, compasión, acompañamiento y ternura que van surgiendo a lo largo del proceso, no son más que un modo de autoaprendizaje que ayuda a ser feliz y a obtener paz

En Tailandia el acto de dar un masaje se considera “metta” que quiere decir que es un acto de bondad. Pero de bondad también hacia uno mismo. Para poder ofrecer la aceptación, el respeto, la aceptación, primero has de sentirlos tu mismo.

Bueno vaya rollo. Un beso y dos abrazos.