
Lunes 12 Marzo.
15h. Llegamos a Mérida en tren desde Cáceres donde hemos dejado el coche en el centro de la ciudad. Nos dirigimos hacia el hotel con la ayuda de un plano. A mitad de camino (más o menos) nos paramos a comer un menú de 8€. Que para mi deleite tiene gazpacho mmmm.
Caminamos por Mérida como por la ciudad de los tesoros. Sorprendiéndonos cada poco con maravillas de hace 2000 años, El templo de Diana aparece por sorpresa en una esquina y nos volvemos locos con las fotos.
Por fin a poca distancia aparece el hotel. Dejamos las cosas y nos vamos a explorar esta ciudad tan especial. Pienso en mi familia incluso en mis amistades. Mérida es un sitio para compartir, un lugar en el que la palabra efímero adquiere una consistencia marmórea. ;-)
Nos indican que lo mas representativo de Mérida son el Museo y el anfiteatro Romanos. El anfiteatro me cautiva, pienso que todo esto que ahora me embelesa, mañana será tan solo un recuerdo y ese recuerdo estará compuesto por las sensaciones y los sentimientos que ahora despierta en mi este tan tangible y hermoso lugar.
El recuerdo será lo que sea capaz de sentir ahora, y me dedico a tocar, a sentir y me dejo embriagar por la belleza mientras el sol mengua y se hace la hora de salir. Antes de irme, un mensaje con foto del anfiteatro a la gente que quiero (compartir siempre compartir)
Para cenar decidimos darnos un homenaje, es nuestra última oportunidad de darnos una comilona en las próximas 69 horas (¡Que pasa! Eran 70 horas, pero me gusta más ese otro numero ;-) Allí encontramos a nuestra camarera de mirada oblicua y sonrisa socarrona tan simpática como un sello de correos con la cara de Franco.
15h. Llegamos a Mérida en tren desde Cáceres donde hemos dejado el coche en el centro de la ciudad. Nos dirigimos hacia el hotel con la ayuda de un plano. A mitad de camino (más o menos) nos paramos a comer un menú de 8€. Que para mi deleite tiene gazpacho mmmm.
Caminamos por Mérida como por la ciudad de los tesoros. Sorprendiéndonos cada poco con maravillas de hace 2000 años, El templo de Diana aparece por sorpresa en una esquina y nos volvemos locos con las fotos.
Por fin a poca distancia aparece el hotel. Dejamos las cosas y nos vamos a explorar esta ciudad tan especial. Pienso en mi familia incluso en mis amistades. Mérida es un sitio para compartir, un lugar en el que la palabra efímero adquiere una consistencia marmórea. ;-)
Nos indican que lo mas representativo de Mérida son el Museo y el anfiteatro Romanos. El anfiteatro me cautiva, pienso que todo esto que ahora me embelesa, mañana será tan solo un recuerdo y ese recuerdo estará compuesto por las sensaciones y los sentimientos que ahora despierta en mi este tan tangible y hermoso lugar.
El recuerdo será lo que sea capaz de sentir ahora, y me dedico a tocar, a sentir y me dejo embriagar por la belleza mientras el sol mengua y se hace la hora de salir. Antes de irme, un mensaje con foto del anfiteatro a la gente que quiero (compartir siempre compartir)
Para cenar decidimos darnos un homenaje, es nuestra última oportunidad de darnos una comilona en las próximas 69 horas (¡Que pasa! Eran 70 horas, pero me gusta más ese otro numero ;-) Allí encontramos a nuestra camarera de mirada oblicua y sonrisa socarrona tan simpática como un sello de correos con la cara de Franco.

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