12 febrero, 2007

Dedos de hierro


Al fin nos toca juntos, hemos de practicar el masaje de cara y cuello nosotros dos.


Me dejo caer en la colchoneta, antes que lo hagas tú y te digo: “Soy todo tuyo” hago hincapié en el “todo”. Te sientas detrás de mi y dices: “¿Todo mío? Te vas a enterar” y me entere y tanto que si.


Tus dedos expertos recorren mi cara y mi cabeza, Yo mientras tanto, estoy tan relajado que casi me duermo.


Cambias y empiezas a masajear mi cuello, suaves estiramientos al principio y después masaje en la zona cervical. Conociendo la fuerza de tus dedos. Me parece que has olvidado el masaje y estas acariciándome. Me dejo llevar con los ojos cerrados, incluso algún “ummmm” muestra cuanto me gustan tus caricias. De pronto tus dedos aprietan hasta las profundidades de mi cuello. Duele y siento placer a la vez.


“Dedos de hierro” te digo para incordiarte. Y tú, aprietas mi nariz y me susurras al oído “Ahora, te toca a ti” Cambiamos nuestras posiciones, yo me siento en seiza, con las piernas abiertas y tu cabeza entre mis rodillas. Te tengo muy cerca de mí y es fácil masajearte.


Recuerdo que durante la comida has comentado que no te sienta bien el masaje en las sienes, y que te agobia que te sujeten la cara. Así que, masajeo con firmeza tus cejas y muy suavemente tus sienes, sonríes y percibo el agradecimiento por haberme acordado. Termino con el masaje de tu cara, me ha gustado dártelo y veo en tu sonrisa y en tu expresión que a ti también te ha gustado.


Pongo mi mano en tu nuca, levanto ligeramente la cabeza y dejo tu larga melena rizada sobre mis rodillas. Sin darme cuenta estoy acariciandote el cabello y lo que es mucho peor, tú lo has notado. Sonríes abiertamente y tus negros ojos me miran picaramente.


Me inclino sobre ti y te susurro al oído “Es la hora de mi venganza dedos de hierro”. Sujeto con solo dos dedos en tu barbilla y la otra mano en la nuca para el estiramiento.


Abres los ojos como platos, creo que vas a detenerme, pero no. Te sujeto firmemente sin apenas contacto en tu cara y eso hace que no te agobies. Espero unos segundos a que te relajes para hacer el estiramiento, mantienes los ojos abiertos y yo lo acorto el ejercicio al mínimo tiempo posible.


Empiezo con el masaje en tu cuello. Mis manos resbalan sobre tu suave piel, recorro uno a uno los músculos de tu cuello y poco después haces un gesto, que es como un sobresalto “¿Duele?” pregunto. “No, tonto, me gusta” Meto las manos entre el suelo y tu espalda masajeando la parte baja del cuello y escucho un “mmmm” de evidente placer.


En esta posición estoy muy cerca de tu cara, me doy cuenta que eres preciosa incluso con los ojos cerrados. Ajeno a los demás, te doy un beso en los labios. Abres los ojos y me dices…


”Gracias”

2 comentarios:

Mary dijo...

Bonita fantasía.

Toni dijo...

Jajaja Mari, Mari. ¿Puedo dejar la incógnita? Este próximo domingo volvemos al curso. Lo cierto es que cuando estoy allí de diez a ocho de la tarde se me hace pesado y echo de menos a la familia. Y curiosamente también pasa al contrario. Este fin de semana echaba de menos los masajes y a los compañeros de curso. Debe ser que lo quiero todooooo.
Un beso