24 enero, 2007

Enemigo Íntimo


Hay tardes en que todo

huele a enebro quemado

y a tierra prometida.

Tardes en que está cerca el mar y se oye

la voz que dice: "Ven".

Pero algo nos retiene todavía

junto a los otros: el amor, el verbo

transitivo, con su pequeña garra

de lobezno o su esperanza apenas.

No ha llegado el momento.La partida

no puede improvisarse, porque sólo

al final de una savia prolongada,

de una pausada sangre,

brota la espiga desde

la simiente enterrada.

En esas largas

tardes en que se toca casi el mar

y su música, un poco

más y nos bastaría

cerrar los ojos para morir. Viene

de abajo la llamada, del lugar

donde se desmorona la apariencia

del fruto y sólo queda su dulzor.

Pero hemos de aguardar

un tiempo aún: más labios, más caricias,

el amor otra vez, la misma, porque

la vida y el amor transcurren juntos

o son quizá una sola

enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe

que algo está consumándose entre el cálido

alborozo del mundo,

y en las que recostar sobre la hierba

la cabeza no es más que un tibio ensayo

de la muerte. Y está

bien todo entonces, y se ordena todo,

y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros

para la despedida.
Dispone un hueco exacto

la tierra. Se percibe

el pulso azul del mar. "Esto era aquello".

Con esmero el olvido ha principiado

su menuda tarea...
Y de repente

busca una boca nuestra boca, y unas

manos oprimen nuestras manos y hay

una amorosa voz

que nos dice: "Despierta.

Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos.


Antonio Gala

4 comentarios:

Alma dijo...

Hay tardes en las que nos quedamos inmóviles, sin saber que hacer ni decir. Hay tardes en las que no sabemos hacia donde dirigirnos.

Unknown dijo...

Lo dificil no es morir. Es vivir.

Unknown dijo...

Una palabra, una mirada, una sonrisa.
Un atardecer, una lluvía de estrellas,una impresionante luna llena.
Un oceano inmenso, un remanso de paz, un inquietante silencio.
Un sutil abrazo, un breve encuentro, un fiel amigo.
Mil razones para hacer esperar al destino.

Toni dijo...

Gracias Alma. Es cierto que hay tardes que la nostalgia te atrapa y sientes demasiado cercanas las garras de la soledad.

Ana tu ya eres más suficiente para que el destino espere una eternidad.
Muchas Gracias.
Tu dedo meñique. ;-)