
Un monje de viaje al monasterio le pregunto a una anciana:
-¿Cual es el camino que lleva al monte Sumeru?
Ella contestó:
- Sigue derecho.
El monje continúo andando y cuando se hubo alejado unos pasos, ella dijo mofándose:
- Ese monje bueno y honesto también va por ese camino.
El monje, sintiéndose ofendido, se quejo a su viejo maestro y éste le dijo:
- Espérate un poco. Voy a calar a esa anciana.
Al día siguiente se dirigió al lugar donde estaba la anciana y le pregunto el camino hacia el monte Sumeru, a lo que la anciana le contesto de la misma manera.
Al regresar al templo el viejo maestro dijo a sus monjes:
- He penetrado a la anciana.
¡¡Penetrado!! Anda yaaaa ¿Un viejo monje Zen cepillandose a una anciana? ¿Afloro de pronto todo el ginseng que había tomado el viejo…? O ¿Se refería a que le la anciana le había echo una “mamaíta”? Al fin y al cabo eso también seria una penetración. Y es que, es sabida la atracción que ejercen los monjes sobre las féminas chinas ¡¡ Que ambigua es la palabra “penetración” coño!!
O quizá el primer monje era un gilipollas y el monte Sumeru se veía a simple vista y la vieja se rió de su estupidez. Además el muy gilipollas se va a quejarse a su superior. Y la estupidez suprema, que el maestro bajara a ajustar las cuentas con la vieja. Y claro se veía venir. Acabo penetrándola, no sabemos bien como, con que, ni por donde. Pero… que más nos da a estas alturas.
Quizá la enseñanza sea que, demasiadas veces en nuestra vida, no seguimos derechos sin detenernos ante nada y ante nadie. Sino que nos detenemos ante otras personas buscando que nos confirmen cuanto somos o cuanto valemos. Vamos que nos digan lo guapos/as que somos.
Y de tanto en tanto tropezamos con alguien que se ríe de nosotros en nuestra cara. Cuando alguien te dice "te aprecio" o peor aun "te quiero" y actúa como si te odiase o simplemente como si le importases una mierda, es simple y llanamente que se esta riendo de ti. Y eso claro está, nos duele profundamente en nuestro ego.
-¿Cual es el camino que lleva al monte Sumeru?
Ella contestó:
- Sigue derecho.
El monje continúo andando y cuando se hubo alejado unos pasos, ella dijo mofándose:
- Ese monje bueno y honesto también va por ese camino.
El monje, sintiéndose ofendido, se quejo a su viejo maestro y éste le dijo:
- Espérate un poco. Voy a calar a esa anciana.
Al día siguiente se dirigió al lugar donde estaba la anciana y le pregunto el camino hacia el monte Sumeru, a lo que la anciana le contesto de la misma manera.
Al regresar al templo el viejo maestro dijo a sus monjes:
- He penetrado a la anciana.
¡¡Penetrado!! Anda yaaaa ¿Un viejo monje Zen cepillandose a una anciana? ¿Afloro de pronto todo el ginseng que había tomado el viejo…? O ¿Se refería a que le la anciana le había echo una “mamaíta”? Al fin y al cabo eso también seria una penetración. Y es que, es sabida la atracción que ejercen los monjes sobre las féminas chinas ¡¡ Que ambigua es la palabra “penetración” coño!!
O quizá el primer monje era un gilipollas y el monte Sumeru se veía a simple vista y la vieja se rió de su estupidez. Además el muy gilipollas se va a quejarse a su superior. Y la estupidez suprema, que el maestro bajara a ajustar las cuentas con la vieja. Y claro se veía venir. Acabo penetrándola, no sabemos bien como, con que, ni por donde. Pero… que más nos da a estas alturas.
Quizá la enseñanza sea que, demasiadas veces en nuestra vida, no seguimos derechos sin detenernos ante nada y ante nadie. Sino que nos detenemos ante otras personas buscando que nos confirmen cuanto somos o cuanto valemos. Vamos que nos digan lo guapos/as que somos.
Y de tanto en tanto tropezamos con alguien que se ríe de nosotros en nuestra cara. Cuando alguien te dice "te aprecio" o peor aun "te quiero" y actúa como si te odiase o simplemente como si le importases una mierda, es simple y llanamente que se esta riendo de ti. Y eso claro está, nos duele profundamente en nuestro ego.

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