16 octubre, 2006

Raro

Hay días que ni yo mismo me entiendo. Aunque la verdad que tal como están las cosas, eso os aseguro que no supone ningún problema.

Llevo unos días oyendo a los que me quieren, decir “Toni estás raro, estás raro” y la verdad, es que yo me siento absolutamente normal. No me siento para nada raro.

Sin embargo empiezo a notar rarezas, manías e impertinencias en los demás. ¿Puede ser que se trate de algún tipo de gripe, que hace que todos nos vemos raros?

Bueno pues el caso es que esta mañana llego al bar, al mismo eterno bar de todos los días. Y como todos los días, me pido un café corto que me ayude a empezar la mañana.

Mary la camarera, la misma eterna camarera de todos los días. Me mira y me hace un café largo. En la taza, no cabía ni una gota más. Me quedo mirando sin tocarlo y le suelto “Ahora, Mary por favor ¿Me haces un café largo?”

Y claro Mary se cabrea. Entiendo que un mal día lo tiene cualquiera, que cuando no es por culpa del marido, es por culpa del jefe o de vete tu a saber por culpa de que combinación de hormonas. Pero yo, solo quiero mi café corto de todos los días. Y no es mi intención empezar el día discutiendo.

Pero la cosa no para ahí. Me voy al trabajo y mi querido padre me está esperando… En mi oficina y sentado en mi silla y con cara de pocos amigos. “Ya veremos, que pasa ahora” pienso para mi.

Y en vez de un: “Buenos días” me suelta:- “¿A que has ido a Granada?” Y yo a estas alturas (léase a las nueve de la mañana y con dos discusiones en el cuerpo) empiezo a estar mosca y a preguntarme ¿Quién es el raro?

Mientras barajo diferentes respuestas (A pasear al perro) (A ver la Alhambra) (A buscar novia) o respondo lo que el ya sabe y así empezamos directamente la discusión. Así que decido abreviar y le contesto:
- “He ido a subir al Mulhacén” su respuesta no se hace esperar
- “¿No hay montañas aquí?” Me río
- “Claro que hay montañas, pero no de casi 3.500 m.”

El no entiende que habiendo montañas aquí, me de por ir a subir las de Granada. Y yo también podría ir al pirineo si me lo acercaran 300km.

Pero claro ayer había comida familiar y yo no asistí y esa no es la costumbre. Si no hubiese asistido mi hermano, no pasa nada todos están acostumbrados. Marcos asiste si le place y si no le place, no asiste y no necesita dar explicaciones.

Pero yo… yo les tengo muy mal acostumbrados.

En fin el raro, soy yo.

8 comentarios:

Alma dijo...

Vaya, asi que en Granada, casi casi nos encontramos. Yo me voy el viernes, quizás nos encontremos sin darnos cuenta.
Ahora en serio, se como te sientes, asi me encuentro yo a veces. Y la respuesta no la tengo, no se si la rara soy yo o son los demás. Quizás sea un poco de todo, ellos son los raros y nosotros también al no ser capaces de amoldarnos a lo que esperan de nosostros. ¿Te has sentido alguna vez como si formaras parte de una gran orquesta a la que dirige un único director y en la que tú eres el triángulo? Seguramente no, quizás te sientas saxofón u otro instrumento más interesante. Pero yo me siento triángulo muchas veces.
Un beso,
Alma

Toni dijo...

Hola Alma. Es una suerte disfrutar de Granada. Su sierra, su gente, sus tapas jajaja. Granada es genial en todos los sentidos.
Nunca me he sentido como integrante de una gran orquesta, la verdad es que nunca se me había pasado por la cabeza. Me veo mas como integrante de una pequeña banda de Jazz. Donde puedes tocar con tu gente y también tienes espacio para tus solos o espacio para respetar los solos de los demás y entonces permanecer callado. ¿Existirá el triangulo como instrumento en las bandas de Jazz? Seguro que si.
Un abrazo.

Alma dijo...

Me encanta el jazz, me encanta ir a los bares donde tocan en directo; quizás tu seas el Armstrong de alguna de esas noches. Me alegro que no te hayas sentido integrante de una gran orquesta.
Un beso,
Alma

Marian dijo...

También yo me he sentido identificada con tu texto, sobre todo en cuanto a relaciones familiares se refiere.
Me temo que yo a los míos también los tengo demasiado mal acostumbrados...es posible que sea rara, pero a veces no me apetecen ni las celebraciones familiares ni hacer el paripé cuando no tengo ninguna gana de hacerlo.
Ojalá fuera sencillo discutir con la familia, yo no puedo..suelen ganar ellos casi siempre.

Toni dijo...

Hola, Hecate tienes razón no es fácil discutir con ellos. Aunque a veces no hay más remedio.
Tengo que hacer una confesión publica jejeje y es que soy un asiduo lector de tu blog me gusta mucho. Pero debo hacer los deberes y escribir. Muchas veces, leo cosas en vuestros blog y pienso: " Que bonito, o que razón tiene" y sin embargo nunca escribo. Es una especie de vergüenza o no se... Pero me cuesta escribir, incluso en casos de gente a los que tengo muchísima confianza. Prometo esforzarme por quitarme esa "cosa" que me impide escribir.

Un abrazo

Marian dijo...

Toni, no sabía que me leías. No sé, supongo que con esto de los blogs nunca eres del todo consciente de la gente que puede leerte...
Me encantaran tus comentarios, seguro.
Otro abrazo para tí.

Anónimo dijo...

Jazz…Cierro los ojos y siento la calma que acaricia mi laxitud y le ofrezco mi mejor sonrisa, esa que se lleva la confianza en lo eterno y atrae como un imán a lo perecedero.

Vuelo placidamente a mi antojo por el mejor cielo que conozco: mi paz.

Contoneo mis emociones con la sensualidad de Diana Krall que, besa esta noche mi alma.
Me dejo llevar al hueco que ocupan mis recuerdos, cóncavos aún por la huella de un desatino que marcó un destino, como el de tantos otros que en ocasiones hemos sido cometas, creyéndonos en el cielo, libres y repletos, mientras otro manejaba nuestros hilos a su antojo… y… viceversa, pues otras veces, hemos sido nosotros los que un día cortamos lo que ya era una madeja.

Jazz. Seducción de mí misma, esta noche estoy conquistándome como casi nadie supo hacerlo, sin mentiras, sin dobles intenciones ni falsas esperanzas de encontrar consuelo.

Dulcemente, sin prisas, voy conociéndome poco a poco, me dejo acariciar como las teclas de ese bendito piano que se deja enamorar por un saxo en celo que lo corteja, susurrando a sus sentidos.

Bailo descalza sobre las brasas de los recuerdos, rescoldos que aún arden bajo mis pies al ritmo de la música que me embriaga y me lleva del ahora al ayer, y revolotea por el mañana.

Me siento bien, libre de cargas, aunque con mi vida hipotecada por miles de sueños, muchos de ellos, quizás sin ningún sentido.

Jazz… quédate esta noche conmigo y, abrázame, mientras suspiro.



Como sabes, hace tiempo escribí esto... hoy, que tan rara yo tambien me siento, me apetecía volver a compartirlo en tu blog.

Abrazo.

Toni dijo...

Mmmm que bonito y que bien suena. Bailas conmigo?