29 junio, 2006


A veces, muchas veces. Desearía callar, dejar de expresar, ejercer la disciplina del silencio. Pero el silencio, a la larga, es la peor de las respuestas. Por que aquello que nos quedamos dentro se acumula y no desaparece por mucho que queramos. Es, como una mancha rebelde en nuestra alma.

Y pasa el tiempo y vuelves a tener días felices, pero la huella continua ahí, quizá dispersa o aclarada por los buenos momentos.

Pero el daño que no haces a los demás con un enfrentamiento te lo acabas haciendo a ti mismo y creo que con el tiempo a los demás también.

¡¡Como me gustaría no haber hipotecado mi nave!! Y en días como estos volar a cualquier galaxia conocida para mantenerme en un sueño constante y reparador durante unos días hasta que el temporal desaparezca.

Y volver luego a mis playas para recoger entre los restos de la tormenta todo lo que se pueda salvar, un cacho de corazón, unos retales de ternura, unos gramos de pasión, cualquier cosa que sirva para continuar viviendo una vida con ilusión.

Hay una gran falta de comprensión hacia lo que es el tiempo. Y la vida es tan corta que, estoy casi seguro que esto nos pesara el día que la Parca nos lleve a su lado y en nuestros últimos segundos pensemos: “He perdido tantisimos días por estar triste, enfadado o indeciso.”Ese día comprenderemos el valor del tiempo, el tiempo limitado, el tiempo desperdiciado y el tiempo irrecuperable.
El problema amigos, es que ese día será tarde para rectificar, demasiado tarde.

Salud y sabiduría para todos.

1 comentario:

Mary dijo...

Nunca es tarde para rectificar.